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Kit para ahumar whisky con soplete

Pones la tapa de roble sobre el vaso, prendes las astillas y el humo frío se va metiendo en el whisky hasta que sabe a fogata. Trae seis maderas distintas, moldes para hielo en bola, filtro de metal, dos vasos y su caja de regalo. También ahúma queso y carne, por si el whisky se acaba antes que las ganas.
Decantador de whisky con globo terráqueo

Un globo terráqueo de cristal soplado a mano, con un barco antiguo grabado navegando dentro y 850 ml de whisky alrededor. Viene con bandeja de madera, tapón, embudo, dos vasos con el mapamundi grabado y dos piedras que enfrían sin aguar la copa. Ocupa el sitio de un adorno y hace el trabajo de un bar entero.
Pepinillo que canta yodel

Un pepinillo de plástico de trece centímetros con un botón. Lo aprietas y canta yodel. No hace nada más: no tiene aplicación, no se conecta a nada y no resuelve ningún problema. Cuesta menos que dos cafés y es matemáticamente imposible que alguien lo apriete una sola vez.
Maceta carita con manos de corazón

Una maceta con rostro sereno y manitas haciendo un corazon, donde la planta es el peinado. Regalasela con una suculenta y sera la consentida de sus repisas.
Luz de inodoro con sensor

Se enciende sola cuando entras de madrugada y tiñe la taza del color que elijas. Nadie vuelve a encender la luz grande a las cuatro de la mañana. Tu retina te lo agradecerá.
Líquido para los intermitentes

El regalo para el que nunca los usa. Una botella de nada con una etiqueta muy convincente. Verás a tu cuñado buscando dónde se echa, y nadie va a sacarlo de su error.
Calientamanos de bolsillo

Dos piedras que dan calor durante horas y caben en el abrigo. Para quien tiene las manos frías en agosto y además lo dice en voz alta. De paso sirven de batería para el móvil.
Mechero de plasma sin llama

Dos arcos eléctricos en vez de fuego: no lo apaga el viento ni se queda sin gas. Se carga por USB, como todo lo demás en tu vida. Enciende velas y parece magia barata.
Terrario de propagación con base de madera

Bulbos de vidrio sobre madera para que sus esquejes echen raices a la vista de todos. Mitad jardin, mitad adorno de revista — y dieciseis mil reseñas de manos que ya no matan plantas.
Cuchillo vikingo de carnicero

Acero al carbono forjado a mano, mango de nogal tallado y una hoja curva y ancha que se mece sobre la tabla en vez de picar a golpes. Corta carne, pescado, verdura y, si el día lo pide, pizza. Trae funda para colgarlo al cinturón: nadie lo necesita y todo el mundo lo va a hacer.
Agua deshidratada en lata

Instrucciones: añadir agua. Es una lata vacía con la etiqueta más seria que has visto, y funciona porque siempre hay alguien que tarda demasiado en leerla. Imprescindible en cualquier mochila imaginaria.
Globo terráqueo que levita

Flota en el aire dando vueltas, sin cables ni trampa visible, y se ilumina de noche. Lo pones en el escritorio y se acabó la concentración: todos se quedan mirando el planeta suspendido.
Tenedor pescador de pepinillos

Un tenedor largo con resorte que atrapa el pepinillo del fondo del frasco sin banarse los dedos en vinagre. El problema que nadie admite tener, resuelto con elegancia.
Piedra para afilar cuchillos

Dos caras: una recupera el filo y la otra lo deja de afeitar. Afilar resulta sorprendentemente relajante, y de paso descubres que tus cuchillos llevaban años cortando a base de fuerza bruta.
Microscopio digital de bolsillo

Sal al jardín y mira una hoja hasta ver sus células en la pantalla. Este microscopio digital de bolsillo aumenta mil veces y guarda las fotos, así que las hormigas del patio acaban en un álbum familiar. Pesa doscientos gramos.
Angry Mama, la limpiadora furiosa

Se le llena la cabeza con agua y vinagre, se enoja dentro del microondas y su vapor despega hasta la lasaña fosilizada. La señora más útil de toda la cocina.
Dispensador de cinta con trasero

La cinta sale por donde te imaginas. Es de lo más tonto que puedes poner en un escritorio y por eso funciona: nadie pasa por delante sin comentarlo. Humor de oficina en estado puro.
Multicontacto con repisa y luz

Convierte un enchufe en seis, con repisa para recargar el teléfono y luz nocturna que se prende sola. De esas cosas que parecen obra de un electricista caro.
Navaja de afeitar de barbero



Cámbiate a la cuchilla de toda la vida y afeitate despacio, pasada a pasada, como en la barbería del barrio. Esta navaja de barbero es de acero inoxidable con mango metálico y tapa que se abre para cambiar el filo. Viene con cien cuchillas.
Pilas: el regalo no incluido

La venganza perfecta: un paquete que dice «pilas incluidas, regalo no incluido». Para el intercambio donde ya no sabías qué llevar.
Monocular de bolsillo

Cabe en un puño y acerca lo que está a media montaña de distancia. Aguanta la lluvia y se sujeta con una mano. Oficialmente es para mirar aves; ya veremos qué acabas mirando.
Cajetilla de juguete para perros

Esconde premios dentro de la cajetilla y deja que tu perro los saque uno a uno. Este juguete de peluche cruje, suena y parodia una marca de tabaco que reconocerás al instante. Los cigarrillos salen y entran.
Reloj automático esqueleto para hombre



Levanta la muñeca y deja que se vea el mecanismo girando solo, sin pilas ni cargador. Este reloj automático esqueleto trabaja con el movimiento de tu brazo, aguanta golpes y salpicaduras, y hace que nadie te pregunte la hora sin mirarlo primero. Movimiento japonés.
Binoculares de visión nocturna

Ven a trescientos metros en oscuridad total, con ocho aumentos, pantalla de 2.4 pulgadas y una tarjeta de 32 GB para grabar lo que aparezca. Pesan 240 gramos, así que caben en cualquier mochila. Aviso: lo primero que vas a hacer con ellos es vigilar tu propio patio a las tres de la mañana.






