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Cuerno vikingo para beber

Cuerno vikingo para beber

Un cuerno de buey de verdad, con su base de metal para que no se caiga (porque no tiene fondo plano, como mandan los dioses del Valhalla). Cabe medio litro largo y convierte cualquier cerveza de martes en un botín de guerra. Aviso: después de esto, beber en vaso te va a parecer una vida sin épica.

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Binoculares de visión nocturna

Binoculares de visión nocturna

Ven a trescientos metros en oscuridad total, con ocho aumentos, pantalla de 2.4 pulgadas y una tarjeta de 32 GB para grabar lo que aparezca. Pesan 240 gramos, así que caben en cualquier mochila. Aviso: lo primero que vas a hacer con ellos es vigilar tu propio patio a las tres de la mañana.

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Guantes con linterna en los dedos

Guantes con linterna en los dedos

Dos luces LED montadas en el pulgar y el índice: apuntas con la mano y las dos manos siguen libres. Sirven para pescar de noche, acampar o meterse debajo del fregadero sin sostener la linterna con los dientes. Talla única ajustable, resistentes al agua, y traen destornillador y pilas de repuesto.

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Decantador de whisky con globo terráqueo

Decantador de whisky con globo terráqueo

Un globo terráqueo de cristal soplado a mano, con un barco antiguo grabado navegando dentro y 850 ml de whisky alrededor. Viene con bandeja de madera, tapón, embudo, dos vasos con el mapamundi grabado y dos piedras que enfrían sin aguar la copa. Ocupa el sitio de un adorno y hace el trabajo de un bar entero.

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Kit para ahumar whisky con soplete

Kit para ahumar whisky con soplete

Pones la tapa de roble sobre el vaso, prendes las astillas y el humo frío se va metiendo en el whisky hasta que sabe a fogata. Trae seis maderas distintas, moldes para hielo en bola, filtro de metal, dos vasos y su caja de regalo. También ahúma queso y carne, por si el whisky se acaba antes que las ganas.

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Pepinillo que canta yodel

Pepinillo que canta yodel

Un pepinillo de plástico de trece centímetros con un botón. Lo aprietas y canta yodel. No hace nada más: no tiene aplicación, no se conecta a nada y no resuelve ningún problema. Cuesta menos que dos cafés y es matemáticamente imposible que alguien lo apriete una sola vez.

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Dispensador de cinta con trasero

Dispensador de cinta con trasero

La cinta sale por donde te imaginas. Es de lo más tonto que puedes poner en un escritorio y por eso funciona: nadie pasa por delante sin comentarlo. Humor de oficina en estado puro.

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Cuchillo vikingo de carnicero

Cuchillo vikingo de carnicero

Acero al carbono forjado a mano, mango de nogal tallado y una hoja curva y ancha que se mece sobre la tabla en vez de picar a golpes. Corta carne, pescado, verdura y, si el día lo pide, pizza. Trae funda para colgarlo al cinturón: nadie lo necesita y todo el mundo lo va a hacer.

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Binoculares para ver lo imposible

Binoculares para ver lo imposible

Subes al mirador, giras la ruedita con un dedo y de repente distingues las plumas de un pájaro que está a un kilómetro. Aguantan la lluvia y los golpes. A ti nadie te garantiza que no te delate el vecino.

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Líquido para los intermitentes

Líquido para los intermitentes

El regalo para el que nunca los usa. Una botella de nada con una etiqueta muy convincente. Verás a tu cuñado buscando dónde se echa, y nadie va a sacarlo de su error.

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Agua deshidratada en lata

Agua deshidratada en lata

Instrucciones: añadir agua. Es una lata vacía con la etiqueta más seria que has visto, y funciona porque siempre hay alguien que tarda demasiado en leerla. Imprescindible en cualquier mochila imaginaria.

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Luz de inodoro con sensor

Luz de inodoro con sensor

Se enciende sola cuando entras de madrugada y tiñe la taza del color que elijas. Nadie vuelve a encender la luz grande a las cuatro de la mañana. Tu retina te lo agradecerá.

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Mechero de plasma sin llama

Mechero de plasma sin llama

Dos arcos eléctricos en vez de fuego: no lo apaga el viento ni se queda sin gas. Se carga por USB, como todo lo demás en tu vida. Enciende velas y parece magia barata.

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Calientamanos de bolsillo

Calientamanos de bolsillo

Dos piedras que dan calor durante horas y caben en el abrigo. Para quien tiene las manos frías en agosto y además lo dice en voz alta. De paso sirven de batería para el móvil.

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Navaja con su nombre grabado

Navaja con su nombre grabado

Le pones el nombre y ya es suya para siempre. Es de esas cosas que se llevan encima veinte años y acaban teniendo una historia detrás. Regálala y prepárate para que te la enseñe cada vez.

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Mosquetón que hace de todo

Mosquetón que hace de todo

Navaja, abridor y destornillador colgando de las llaves. Pesa menos que un mechero y resuelve la mitad de los problemas cotidianos. La otra mitad es abrir cervezas, que también la cubre.

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Globo terráqueo que levita

Globo terráqueo que levita

Flota en el aire dando vueltas, sin cables ni trampa visible, y se ilumina de noche. Lo pones en el escritorio y se acabó la concentración: todos se quedan mirando el planeta suspendido.

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Monocular de bolsillo

Monocular de bolsillo

Cabe en un puño y acerca lo que está a media montaña de distancia. Aguanta la lluvia y se sujeta con una mano. Oficialmente es para mirar aves; ya veremos qué acabas mirando.

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Piedra para afilar cuchillos

Piedra para afilar cuchillos

Dos caras: una recupera el filo y la otra lo deja de afeitar. Afilar resulta sorprendentemente relajante, y de paso descubres que tus cuchillos llevaban años cortando a base de fuerza bruta.

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Kit para sobrevivir a lo que sea

Kit para sobrevivir a lo que sea

Brújula, sierra, mechero, silbato, botiquín y doscientas cosas más en una caja del tamaño de un libro. No lo vas a necesitar nunca. Y precisamente por eso se duerme mejor con él en el maletero.

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