Regalos por menos de $20
Guantes con linterna en los dedos

Dos luces LED montadas en el pulgar y el índice: apuntas con la mano y las dos manos siguen libres. Sirven para pescar de noche, acampar o meterse debajo del fregadero sin sostener la linterna con los dientes. Talla única ajustable, resistentes al agua, y traen destornillador y pilas de repuesto.
Pepinillo que canta yodel

Un pepinillo de plástico de trece centímetros con un botón. Lo aprietas y canta yodel. No hace nada más: no tiene aplicación, no se conecta a nada y no resuelve ningún problema. Cuesta menos que dos cafés y es matemáticamente imposible que alguien lo apriete una sola vez.
Dispensador de cinta con trasero

La cinta sale por donde te imaginas. Es de lo más tonto que puedes poner en un escritorio y por eso funciona: nadie pasa por delante sin comentarlo. Humor de oficina en estado puro.
Líquido para los intermitentes

El regalo para el que nunca los usa. Una botella de nada con una etiqueta muy convincente. Verás a tu cuñado buscando dónde se echa, y nadie va a sacarlo de su error.
Agua deshidratada en lata

Instrucciones: añadir agua. Es una lata vacía con la etiqueta más seria que has visto, y funciona porque siempre hay alguien que tarda demasiado en leerla. Imprescindible en cualquier mochila imaginaria.
Luz de inodoro con sensor

Se enciende sola cuando entras de madrugada y tiñe la taza del color que elijas. Nadie vuelve a encender la luz grande a las cuatro de la mañana. Tu retina te lo agradecerá.
Mechero de plasma sin llama

Dos arcos eléctricos en vez de fuego: no lo apaga el viento ni se queda sin gas. Se carga por USB, como todo lo demás en tu vida. Enciende velas y parece magia barata.
Calientamanos de bolsillo

Dos piedras que dan calor durante horas y caben en el abrigo. Para quien tiene las manos frías en agosto y además lo dice en voz alta. De paso sirven de batería para el móvil.
Mosquetón que hace de todo

Navaja, abridor y destornillador colgando de las llaves. Pesa menos que un mechero y resuelve la mitad de los problemas cotidianos. La otra mitad es abrir cervezas, que también la cubre.