Amigo invisible

El arte de gastar poquito y quedar como leyenda. Regalos de intercambio que nadie va a querer cambiar.
El libro del conocimiento inútil

Un ladrillo de datos fascinantes que nadie necesita y todos repiten en la cena. Veinticuatro mil reseñas de sabelotodos satisfechos.
Pilas: el regalo no incluido

La venganza perfecta: un paquete que dice «pilas incluidas, regalo no incluido». Para el intercambio donde ya no sabías qué llevar.
El dedo en la caja

Una cajita de regalo con sorpresa: un dedo (de mentira) muy realista. El grito de quien la abre es el verdadero regalo.
Moose Master: el juego del alce

Un juego de cartas absurdo donde todos terminan con cara de alce y llorando de risa. El salvavidas oficial de las reuniones familiares.
El regalo de la nada

Una esfera transparente con NADA adentro, empaquetada con toda solemnidad. Para la persona que lo tiene todo: ya nada más le faltaba esto.
Calzones de emergencia en lata

Ropa interior unisex comprimida en su latita, por si acaso. El regalo que todos juran no necesitar y absolutamente nadie devuelve.
Mentitas para la memoria

Pastillas de menta en una lata con diagnóstico incluido: para los que no se acuerdan de nada. Se compra por la broma y se queda por el sabor.
Máquina de Pac-Man de bolsillo

Sujeta con una mano esta máquina de Pac-Man y comprueba si aún te acuerdas de los patrones de los fantasmas. Es una réplica del salón recreativo con joystick de verdad y luz en el marco. Mide diecisiete centímetros.
Soporte de cerveza para la ducha

Pega este soporte a los azulejos y bébete la cerveza bajo el agua caliente sin sostener nada. Aguanta latas, botellas y copas de vino, que a veces la ducha pide otra cosa. Se sujeta con ventosa.
Líquido para los intermitentes

El regalo para el que nunca los usa. Una botella de nada con una etiqueta muy convincente. Verás a tu cuñado buscando dónde se echa, y nadie va a sacarlo de su error.
Agua deshidratada en lata

Instrucciones: añadir agua. Es una lata vacía con la etiqueta más seria que has visto, y funciona porque siempre hay alguien que tarda demasiado en leerla. Imprescindible en cualquier mochila imaginaria.