Regalos divertidos

Regalos que se abren con una carcajada. Si al desenvolverlo nadie se ríe, te devolvemos tu dignidad (el dinero ya es asunto de la tienda).
La sudaderita de la palanca de velocidades

Una mini sudadera con gorro para vestir la palanca del coche. No mejora el manejo, pero el coche se ve ridículamente feliz.
El patito columpista del retrovisor

Un pato en su columpio que se mece con cada curva del camino. El copiloto más tranquilo del mundo.
El muñeco de nieve grosero

Un muñeco de nieve que se ríe, se sacude y suelta sonidos que no vamos a describir aquí. La decoración navideña que la abuela finge desaprobar.
Lucecitas navideñas para la barba

Serie de luces en miniatura que convierte cualquier barba en árbol de Navidad. El accesorio que gana TODAS las fotos de diciembre.
Moose Master: el juego del alce

Un juego de cartas absurdo donde todos terminan con cara de alce y llorando de risa. El salvavidas oficial de las reuniones familiares.
Mini boliche de madera para la mesa

Una pista de boliche de bolsillo con sus diez pinos y todo. La sobremesa navideña por fin tiene torneo oficial.
Bob Ross en miniatura para pintar

Un mini caballete con pinceles y el arbolito feliz del maestro de los errores felices. Diez minutos de paz pintando, garantizados por la ciencia y por Bob.
La cangurera de panza peluda

Una riñonera que convierte a cualquiera en señor de panza al aire con solo ponérsela. En la playa causa sensación; en la aduana, preguntas.
Caballitos de baño portátil

Dos caballitos tequileros con forma de sanitario portátil, para brindar donde nadie pidió brindar. El toque de elegancia que tu fiesta no sabía que le faltaba.
La ardilla en calzones que perfuma

Un aromatizante de coche con una ardilla parada en ropa interior. No hay forma humana de explicarla: solo de regalarla y ver qué pasa.
Calcetines que se toman de la mano

Cada calcetín trae una manita tejida con imán: cuando cuelgan juntos, se agarran. El regalo de pareja que nadie vio venir y todos quieren fotografiar.
El cortapizza de bicicleta

Una bicicletita con ruedas de acero que rebana la pizza pedaleando su recorrido. El repartidor más confiable que jamás entrará a tu cocina.
La caja que se apaga sola

La enciendes, se abre, sale un dedito y se apaga a sí misma. No sirve absolutamente para nada y justo por eso es perfecta. Filosofía pura en caja de madera.
Splatypus, la espátula ornitorrinco

Un ornitorrinco de cocina que se lanza de clavado a los frascos y rasca hasta la última gota de Nutella. Diseño ganador de premios y de corazones.
El infusor de té de la Parca

La Muerte llegó… a remojar tu té. Su túnica de silicona guarda las hojas mientras su carita se asoma por el borde de la taza. El té nunca fue tan dramático.
La cabra que grita

Una cabrita de escritorio que pega el grito viral cuando la aprietas, con todo y su librito ilustrado. Cuarenta y dos mil reseñas de gente que la aprieta a diario.
El reloj de arena del trono

Cinco minutos de arena para esas visitas al baño que se estaban volviendo retiros espirituales. Regalo pasivo-agresivo avalado por veinte mil reseñas.
Angry Mama, la limpiadora furiosa

Se le llena la cabeza con agua y vinagre, se enoja dentro del microondas y su vapor despega hasta la lasaña fosilizada. La señora más útil de toda la cocina.
La máquina de efectos de sonido

Dieciséis botones: aplausos, tambor de chiste, grillos para las juntas incómodas. El poder de un programa de televisión en la palma de la mano.
Mini arco y flechas de escritorio

Un arco de verdad en miniatura con flechas de ventosa. La productividad de la oficina baja 40% y la felicidad sube 400%. Las matemáticas no mienten.
Maceta carita con manos de corazón

Una maceta con rostro sereno y manitas haciendo un corazon, donde la planta es el peinado. Regalasela con una suculenta y sera la consentida de sus repisas.
Tenedor pescador de pepinillos

Un tenedor largo con resorte que atrapa el pepinillo del fondo del frasco sin banarse los dedos en vinagre. El problema que nadie admite tener, resuelto con elegancia.
Rallador con carita de asombro

Un rallador cuya cara se asombra de todo lo que ralla: queso, zanahoria, chocolate. Funciona en serio y hace reir en serio — la combinacion perfecta de cajon.
La taza de la verdad

Una taza con un mensaje de esos que solo una hija o un hijo pueden regalar sin consecuencias. Catorce onzas de cafe y una sonrisa garantizada cada mañana.