La sudaderita de la palanca de velocidades

Una mini sudadera con gorro para vestir la palanca del coche. No mejora el manejo, pero el coche se ve ridículamente feliz.
El botón te lleva a la tienda; el precio puede cambiar sin aviso.

Una mini sudadera con gorro para vestir la palanca del coche. No mejora el manejo, pero el coche se ve ridículamente feliz.
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25 regalos raros que no sabías que existían
25 regalos de Navidad que nadie va a fingir que le gustan
25 regalos para darte a ti misma después de soltar lo que no era
25 regalos para papá que no son otra corbata
25 regalos para tu novio que sí va a usar
25 regalos para mamá que la van a hacer llorar (de risa)
25 regalos de menos de $20 que parecen mucho más caros
Dos libros de patrones hermosos para pintar con la mente en blanco. Media hora de colores y tu sistema nervioso firma la paz.

Un tenedor largo con resorte que atrapa el pepinillo del fondo del frasco sin banarse los dedos en vinagre. El problema que nadie admite tener, resuelto con elegancia.

Un molde que convierte las manos entrelazadas de la pareja (o la familia) en escultura de yeso. Cuarenta y seis mil reseñas y cero personas que no lloraron al abrirlo.

Cabe en un puño y acerca lo que está a media montaña de distancia. Aguanta la lluvia y se sujeta con una mano. Oficialmente es para mirar aves; ya veremos qué acabas mirando.

Una cuchara grabada que confiesa el crimen de mamá: acabarse el cereal a cucharadas de contrabando. Para la que ataca la alacena a medianoche y jura que no fue ella.

Se enciende sola cuando entras de madrugada y tiñe la taza del color que elijas. Nadie vuelve a encender la luz grande a las cuatro de la mañana. Tu retina te lo agradecerá.

Un libro con pruebas cientificas e historicas de que hay mamás mucho peores que ella (viene en ingles, las carcajadas son universales). El regalo que la hace reir y sentirse ganadora a la vez.

Una cabrita de escritorio que pega el grito viral cuando la aprietas, con todo y su librito ilustrado. Cuarenta y dos mil reseñas de gente que la aprieta a diario.



Cámbiate a algo blando en cuanto cruces la puerta y deja los zapatos en la entrada. Estas zapatillas de casa peludas llevan espuma viscoelástica que se hunde con tu pisada y suela antideslizante para el suelo frío. Se lavan a máquina.