La pala de helado de mamá

Una cuchara-pala grabada para las emergencias de helado a medianoche. Tamano generoso, porque mamá no está para cucharaditas.
El botón te lleva a la tienda; el precio puede cambiar sin aviso.

Una cuchara-pala grabada para las emergencias de helado a medianoche. Tamano generoso, porque mamá no está para cucharaditas.
El botón te lleva a la tienda; el precio puede cambiar sin aviso.
25 regalos para darte a ti misma después de soltar lo que no era
25 regalos para tu novio que sí va a usar
25 regalos para papá que no son otra corbata
25 regalos raros que no sabías que existían
25 regalos de menos de $20 que parecen mucho más caros
25 regalos de Navidad que nadie va a fingir que le gustan
25 regalos para mamá que la van a hacer llorar (de risa)
Una cabrita de escritorio que pega el grito viral cuando la aprietas, con todo y su librito ilustrado. Cuarenta y dos mil reseñas de gente que la aprieta a diario.

Una pluma hecha de piezas magneticas que se desarma y se vuelve a armar en mil formas mientras el finge que escucha la junta. Escribe de verdad, pero nadie la compra por eso.



Deja una en el suelo de la ducha, lejos del chorro, y respira hondo mientras el vapor hace el resto. Estas pastillas aromáticas convierten diez minutos de martes en algo parecido a un spa. Vienen doce, con seis aromas distintos.

Un putter que también es pluma y su mini green con hoyo, para meter putts entre junta y junta. La productividad de papá bajará un 4% y su felicidad subirá un 96%.

Un libro chiquito con frases a medio terminar que tu completas: las razones exactas por las que lo quieres. Media hora de escritura y un regalo que no se tira jamas.

La caja que lo trae todo: cobija, calcetas, vela, tarjeta y hasta quien te diga «bien hecho». Es literalmente regalarte un apapacho con moño — el cierre perfecto de esta lista.



Sírvete un bourbon en madera y nota cómo el interior tostado le añade ese fondo de barrica. Este vaso de madera quemada no se rompe si se te cae en la terraza, solo pide lavado a mano. Viene con dos bolas de acero para enfriar.

Se enciende sola cuando entras de madrugada y tiñe la taza del color que elijas. Nadie vuelve a encender la luz grande a las cuatro de la mañana. Tu retina te lo agradecerá.

Las brocas que sacan ese tornillo barrido que lleva tres años burlándose de papá desde la bisagra. Baratísimas, y el gusto de ganar esa batalla no tiene precio.