La máquina de efectos de sonido

Dieciséis botones: aplausos, tambor de chiste, grillos para las juntas incómodas. El poder de un programa de televisión en la palma de la mano.
El botón te lleva a la tienda; el precio puede cambiar sin aviso.

Dieciséis botones: aplausos, tambor de chiste, grillos para las juntas incómodas. El poder de un programa de televisión en la palma de la mano.
El botón te lleva a la tienda; el precio puede cambiar sin aviso.
25 regalos raros que no sabías que existían
25 regalos de Navidad que nadie va a fingir que le gustan
25 regalos para darte a ti misma después de soltar lo que no era
25 regalos para papá que no son otra corbata
25 regalos para tu novio que sí va a usar
25 regalos para mamá que la van a hacer llorar (de risa)
25 regalos de menos de $20 que parecen mucho más caros
Un muñeco de nieve que se ríe, se sacude y suelta sonidos que no vamos a describir aquí. La decoración navideña que la abuela finge desaprobar.

Instrucciones: añadir agua. Es una lata vacía con la etiqueta más seria que has visto, y funciona porque siempre hay alguien que tarda demasiado en leerla. Imprescindible en cualquier mochila imaginaria.

Un ornitorrinco de cocina que se lanza de clavado a los frascos y rasca hasta la última gota de Nutella. Diseño ganador de premios y de corazones.

Linternas LED en el pulgar y el indice: alumbra exactamente donde tiene las manos, sin sostener nada con la boca. Para arreglar el coche, el fregadero o lo que se le ocurra a medianoche.

Calor y masaje en la espalda baja, sin cables y donde sea: el sillón, el coche, el estadio. Para el papá que carga todo — incluida la lumbalgia.

Una cabrita de escritorio que pega el grito viral cuando la aprietas, con todo y su librito ilustrado. Cuarenta y dos mil reseñas de gente que la aprieta a diario.

Una placa de cocina con la receta exacta: una taza de amor, dos de paciencia y sazon de abrazos. Para colgar donde ella cocina y leerla cuando mas se necesite.

Un cuchillo de broma con nombre impublicable, para el papá que presume que en su casa no se tira nada. El regalo de risa que va a colgar en el baño como trofeo.

Un patito de luz sentado con la mirada perdida, cuestionándose todo. El compañero ideal para las noches de «¿qué estoy haciendo con mi vida?».