Kit para ahumar whisky

Un soplete, maderas de doce aromas y el aro ahumador: en un minuto su vaso de siempre huele a bar caro. El truco de bartender que va a presumir con cada visita.
El botón te lleva a la tienda; el precio puede cambiar sin aviso.

Un soplete, maderas de doce aromas y el aro ahumador: en un minuto su vaso de siempre huele a bar caro. El truco de bartender que va a presumir con cada visita.
El botón te lleva a la tienda; el precio puede cambiar sin aviso.
25 regalos raros que no sabías que existían
25 regalos de Navidad que nadie va a fingir que le gustan
25 regalos para darte a ti misma después de soltar lo que no era
25 regalos para papá que no son otra corbata
25 regalos para tu novio que sí va a usar
25 regalos para mamá que la van a hacer llorar (de risa)
25 regalos de menos de $20 que parecen mucho más caros
Los parches premiados que desinflan la mirada de trasnochada en veinte minutos. Póntelos, hazte el café y que nadie sepa que anoche fue capítulo final.

Toallas de un solo uso, suaves y gigantes, para secarte la cara sin repasar bacterias de días pasados. El pequeño lujo diario que tu piel nota a la semana.

Este Buda respira contigo: la luz sube al inhalar, baja al exhalar, y en cinco minutos tu cabeza deja de sonar como grupo de WhatsApp. Sin pantallas ni aplicaciones — solo tú, la luz y el aire.

Sal al jardín y mira una hoja hasta ver sus células en la pantalla. Este microscopio digital de bolsillo aumenta mil veces y guarda las fotos, así que las hormigas del patio acaban en un álbum familiar. Pesa doscientos gramos.

Un tenedor largo con resorte que atrapa el pepinillo del fondo del frasco sin banarse los dedos en vinagre. El problema que nadie admite tener, resuelto con elegancia.



Deja una en el suelo de la ducha, lejos del chorro, y respira hondo mientras el vapor hace el resto. Estas pastillas aromáticas convierten diez minutos de martes en algo parecido a un spa. Vienen doce, con seis aromas distintos.

Un soporte con circuito iluminado que cambia entre dieciseis colores y le da a su escritorio ese aire de nave espacial. Los audifonos por fin dejan de vivir tirados sobre la mesa.

París nevado, luz cálida, caja musical y un reloj de arena escondido en la base. La pieza vintage que se queda en la repisa hasta el año 3000.

Flota en el aire dando vueltas, sin cables ni trampa visible, y se ilumina de noche. Lo pones en el escritorio y se acabó la concentración: todos se quedan mirando el planeta suspendido.